Huellas ha sido para mí una experiencia profundamente transformadora. Conocí el movimiento hace casi cinco años gracias a un amigo, y desde entonces he permanecido activa en el voluntariado. Este camino marcó un antes y un después en mi vida, pues me permitió crecer en lo personal, lo espiritual y lo comunitario. Gracias a Huellas me acerqué más a Dios, encontré un espacio donde la alegría se comparte, donde dar con amor y vivir con humildad se convierten en principios cotidianos, y donde la amistad y la fraternidad se fortalecen en cada encuentro.
Cada formación ha sido una auténtica escuela de vida: me deja enseñanzas que aplico en mi día a día, me ayuda a mirar con esperanza y me impulsa a ser mejor persona. Mi espiritualidad se ha consolidado con cada abrazo, cada sonrisa y cada momento compartido, porque Huellas no solo transmite conocimientos, sino que genera experiencias que transforman el corazón.
A través de este movimiento descubrí que mis talentos y dones pueden llegar a otros espacios, y que la verdadera riqueza está en compartirlos con generosidad. Ser parte de este gran equipo, dedicado a acompañar y servir, me ha permitido desarrollar habilidades en el amor y la entrega, y comprender que la solidaridad es el camino más genuino para construir comunidad.
Hoy puedo afirmar que Huellas es para mí alegría, compromiso y esperanza. Es un movimiento que me inspira a seguir creciendo, que me invita a ser colaboradora y a vivir la fe desde la acción. Agradezco cada momento vivido, porque en Huellas he encontrado una familia que me impulsa a caminar con confianza y a servir con amor.
Anabel Terán
Huellas Doradas II Casa de los Muchachos Zulia


