Demian: «Promesas Doradas: Un Nuevo Comienzo en el Camino del Servicio»

La formación huellista es una travesía que deja marcas imborrables en el corazón. Para mí, vivir el proceso de Huellas Doradas ha significado redescubrir el camino recorrido, darle una nueva perspectiva y asumir con mayor madurez el llamado a liderar desde el servicio.

Cada etapa formativa dentro del movimiento tiene su valor, pero Huellas Doradas representa la síntesis de años de entrega, aprendizajes y crecimiento espiritual. Es el reflejo de un servicio cultivado con constancia, guiado por el Evangelio y sostenido por el acompañamiento de personas que inspiran. En mi caso, agradezco profundamente a Roxana y Katherine Alvarado, quienes fueron faros en mi proceso: su testimonio y dedicación me enseñaron a servir con el corazón abierto.

Durante tres años, esta formación nos prepara para un momento culminante: el Compromiso de Huellas Doradas, también conocido como la “Promesada”. Este rito, que se celebra tras vivir los Ejercicios Espirituales de Doradas 3, no es solo un cierre simbólico. Es el nacimiento de una nueva etapa, una consagración que nos invita a poner a prueba nuestros dones y talentos, y a vivir nuestra vocación con autenticidad, amor y entrega.

La promesa dorada es mucho más que palabras pronunciadas en comunidad. Es un sí profundo, libre y consciente. Es la decisión de seguir encendiendo fuegos en otros jóvenes, de ser presencia transformadora en medio de la realidad, y de continuar dejando huellas de esperanza allí donde más se necesitan.

Ser Huellas Doradas es asumir el compromiso de amar y servir en todo momento, con alegría, con fe, y con la certeza de que cada paso dado en este camino es parte de una misión mayor.

Demian Araque – Zona Lara-Llanos
Parroquia Jesús de Nazaret